La sexualidad como mecanismo de control social

El capitalismo nos ha aportado numerosos aspectos positivos. Por ejemplo un mayor número de bienes y servicios de los que disfrutar. Sin embargo este régimen actual contiene una serie de dogmas que todxs en sociedad deberíamos seguir. Aquí entra el choque con el colectivo LGTB+ al no ajustarse al dogma de la sexualidad correcta.

Si cada una de las personas en sociedad actuase según le pareciese, la humanidad sería quizás mucho menos predecible y más peligrosa. ¿Los poderosos nos quieren tener controladxs?

A través de la cultura vemos como normales comportamientos que llevamos a cabo sin cuestionarnos. Al actuar así contribuimos a reforzar esta cultura. Aquí se incluiría la sexualidad, como expresión que incluye a los dos únicos posibles tipos de cuerpo (el del hombre y el de la mujer, dejando fuera a los intersexuales), la única correcta orientación sexual (heterosexual, dejando fuera homosexuales, bisexuales, pansexuales…) y  la identidad de género sana (cisexual, dejando fuera a los transexuales).

Una vez más debemos recordar que lo normal no existe. Que este control social que en ocasiones nos limita, y que ha sido insertado en nuestras mentes desde bien pequeñxs, puede quedar absolutamente anulado si desarrollamos nuestra autoestima; si comprendemos que la diferencia es la esencia y belleza del individuo; que no estamos solxs, que hay mucha gente como nostrxs; y buena parte de los que no lo son están dispuestos a querernos con nuestra particular esencia si nos levantamos cada día con valentía mirando al mundo con una sonrisa.

Fran 

Voluntario Servicio de Información LGTB+

¿Cómo eliminamos la transfobia?

La lgtb-fobia más intensa es la denominada transfobia, que destruye la vida de los sujetos integrados en la realidad trans, a la que pertenecen todes aquelles cuya identidad de género no se ajusta a la norma, por identificarse con el género contrario al sexo asignado o con uno diferente a los dos tradicionales masculino-femenino (se incluirían aquí las diferentes modalidades de género no binario).
Los gays, lesbianas y bisexuales rompen las normas de orientación sexual. En cambio, les trans lo hacen con las de identidad de género. Pareciese que violar estas últimas reglas fuese más grave en términos sociales. No es que te atraiga quien no debe hacerlo, sino que no te identificas con el rol social que te ha sido asignado. La desviación se hallaría en la persona misma (en el ser), y en el homosexual o bisexual se hallaría en el deseo, en el lugar hacia donde enfocamos nuestra atracción erótica.
La manera de organizar la sociedad de manera monosexual en hombres y mujeres conlleva para algunos unos privilegios sociales, que amenazan a todes aquelles que pretendan cambiar dichos valores. Les trans resultan ser un verdadero peligro, y como consecuencia sufren castigos procedentes de los que les rodean, tanto en sus entornos más íntimos como en contextos sociales más amplios. Algunos se sienten autorizados para ejercer cualquier tipo de violencia física, discriminación, insultos, exclusión o abandono sobre este colectivo. Muchos de estos maltratos ni siquiera son denunciados, por ello se desconoce la magnitud real de este panorama hostil, aunque se sabe con certeza que es considerable y que las consecuencias de la transfobia son muy graves.
¿Por qué la sociedad debe decirnos cómo vivir nuestra propia vida si no hacemos daño a nadie? ¿Por qué se nos obliga a transitar por determinados comportamientos que van en contra de nosotres, a tener determinados gustos, a no poder cambiar nuestro cuerpo? Si el mayor experto en la vida de uno es un mismo, ¿qué hacen las normas sociales amargándonos la vida, llenándonos en muchas ocasiones de soledad, aislamiento y falta de apoyo?
Como bien se establece en el libro Transexualidades (Platero, 2014), la intensidad de la transfobia se acentúa en les adolescentes o jóvenes adultos y en las mujeres. Les primeres son siempre mucho más vulnerables por su corta edad, viéndose abocades a abandonar los estudios o a sufrir una autoimagen de rechazo. Les segundes acostumbran a dedicarse al trabajo sexual ante la falta de alternativas, pues el empresariado, en un ambiente lleno de prejuicios tránsfobos y sexistas, puede permitirse marginarles debido a la ausencia de políticas públicas de inserción laboral.
Este problema no goza de un gran reconocimiento como cuestión social o política, sobre todo si se compara con los derechos de las mujeres en general o de otras situaciones como el racismo o la diversidad funcional. En los casos en los que se han producido intervenciones asistencialistas, tratando de paliar los efectos negativos de esta fobia, se ha visibilizado a las personas trans como un problema, provocando una estigmatización importante. Por otra parte los medios de comunicación tampoco ayudan al reproducir imágenes simplificadas, repetitivas y morbosas de este colectivo, creando un imaginario social que influye en las creencias sociales que tenemos acerca de estas personas.

La solución definitiva pasa por transformar la percepción cultural, que va más allá de que ciertas leyes consigan ciertas cuotas de igualdad, alcanzando un valor positivo en la diversidad, un reconocimiento del valor de lo otro, de lo distinto a uno. Es ésta la denominada prevención primaria, que requiere de apoyos sociales relevantes y visibles de las personas que tienen la capacidad de influir sobre nuestra manera de pensar y sentir.  Sin embargo, las pocas acciones dirigidas a combatir la transfobia que se realizan por parte de las administraciones públicas y las organizaciones sociales están enfocadas en un segundo plano, la prevención secundaria, que consiste en reconocer que ya hay personas que experimentan un rechazo transfóbico, generando acciones para reparar esta violencia, como puede ser el cambio de nombre y sexo en los documentos oficiales. Esto se considera una manera errónea de proceder. La prevención primaria es la más barata y su estimación de costes/beneficios es más positiva. Es ahí donde debemos focalizarnos, siempre sin olvidar que esta prevención primaria tampoco será efectiva sin el necesario abordaje secundario.

Fran
Voluntario en Información LGTB+

“Los derechos trans y los roles de género”

La convicción personal y subjetiva de pertenecer al género masculino, femenino o a ninguno se denomina identidad de género. Su consolidación es probable entre los dieciocho y treinta meses de edad; inmodificable por el paso del tiempo o procedimiento de intervención profesional, e independiente de las experiencias iniciales de aprendizaje social y crianza. No debemos confundirlo con el concepto sexo, conjunto de características de origen biológico que definen el espectro humano como hembras o machos.

En la mayoría de las personas se encuentra una coincidencia entre la identidad de género y el sexo. Cuando esto no ocurre así, nos hallamos en el supuesto de una persona transgénero. Por ejemplo el caso de alguien con caracteres sexuales primarios y secundarios masculinos que se siente mujer (y efectivamente lo es).

En estos supuestos, cuyo baja frecuencia en la sociedad no eclipsa su gran importancia para nosotrxs, se produce un enfrentamiento entre el papel de género de nuestra cultura (binario y mutuamente excluyente, se es de uno o de otro) y las circunstancias y realidad de unx mismx. ¿Nos apegamos al guión marcado por la sociedad o nos alejamos de él sufriendo sanciones normativas bañadas de estigma? ¿Renunciamos a unx mismx aceptando la sumisión total al sistema? Continuar leyendo ““Los derechos trans y los roles de género””

La salida del armario: una oportunidad para crecer

El psicólogo Gabriel J. Martín, en su notable obra “Quiérete mucho maricón”, establece que la meta a la que debemos aspirar los homosexuales (también bisexuales;  la transexualidad, por su mayor complejidad, se tratará en el siguiente artículo) es a la de vivir nuestra orientación sexual con la mayor naturalidad del mundo, obviando la homo(bi)fobia, estereotipos y prejuicios sociales e iniciando un proceso de autoaceptación que nos llevará a incrementar nuestra autoestima y estado general de salud física hasta niveles altísimos.

En este proceso de autoaceptación, la salida del armario se convierte en un paso natural e inevitable, una de las mejores actuaciones que podemos llevar a cabo por el bien de nuestra salud mental y emocional.

Se trata de una experiencia profundamente liberadora porque reducimos el estrés de esconder nuestra identidad, pasando de vivir sometidos a la sospecha permanente, cuidando gestos, palabras y reacciones (y sintiendo culpa por no decir la verdad o dolor por considerar que toda tu vida es una mentira), a llevar una existencia construida a base de honestidad, intimidad y complicidad, donde nuestras relaciones son más auténticas al interactuar desde lo que somos en verdad.

A continuación un breve análisis de este proceso de especial trascendencia en nuestras vidas, a través del listado de varios puntos a tener en cuenta. Continuar leyendo “La salida del armario: una oportunidad para crecer”

El bullying lgtb-fóbico en los colegios, ¿un reflejo de la sociedad adulta?

La humanidad de los mayores de treinta, un universo integrado por numerosos planetas creados en la infancia, en cuya atmósfera estamos obligados a vivir el resto de nuestros días, no tolera la diferencia consustancial a los LGTB+.

Las causas son el miedo a lo desconocido, los prejuicios por la falta de información, la irritación que te causa el que otro no cumpla las normas sociales de género (cuando sufres para actuar conforme a ellas), o el deseo de sentirte superior, siendo la opción de aplastar al LGTB+ una de las más sencillas.

Nuestra sociedad sólo tolera un camino para llevar una vida plena y castiga a quien no lo transita. Siendo personas de bien, no cabe en la cabeza alejarse de este sendero. Si somos mujeres debemos ser dependientes, delicadas, frágiles; con dominio de las tareas domésticas y del cuidado de nuestra propia imagen. Si somos hombres debemos ser independientes, valientes, competitivos; no expresar nuestros sentimientos y estar locos por el sexo. Es éste un camino que se incrusta en nuestro cerebro; cuando otros compañerxs se desvían de él, los nefastos tipos de homofobia cobran lugar. Continuar leyendo “El bullying lgtb-fóbico en los colegios, ¿un reflejo de la sociedad adulta?”